Cómo perderse por playas británicas

Cuando me puse la mochila a los hombros para irme unas semanas a Inglaterra no sabía lo que me iba a deparar este viaje. Quería ver qué tan diferente era todo en aquel país, del que tanto me habían hablado mis amigos que habían estado allí. Estaba claro que uno de mis destinos debía ser la ciudad de Londres, pero eso hubiera sido muy típico. Decidí que tenía que hacer algo diferente, como el conocer cómo eran las playas de ese fantástico país.

De modo que tomé la decisión de que mi primer destino sería ir al pueblo Bigbury on Sea, en la isla Burgh. Mi objetivo allí era conocer Batham Beach, una de las mejores playas de toda Europa. Menuda experiencia que fue, la arena era tan fina que mis pies se hundían en ella, las dunas que podía ver desde mi toalla parecía que brillasen al entrar en contacto con la luz del sol y había una tranquilidad increíble, algo que no se puede encontrar cuando vas a una playa española. Los niños jugaban pero no te molestaban, había espacio de sobra para todo el que quisiera tumbarse en la arena a disfrutar del sol y el agua estaba limpia y cristalina. Podía ver sin problema a los peces nadar en el fondo.

bigbury

Bigbury

Por desgracia no podía quedarme a dormir en la playa, porque me hubiera gustado. Así que opté por probar la hospitalidad del hotel más famoso de la isla, el Hotel Burgh Island. ¡Y menuda hospitalidad! El servicio era excelente, las habitaciones maravillosas y pude disfrutar en sus restaurantes de una comida excepcional. Durante cinco maravillosos días pude saborear platos increíbles, nadar en esas aguas tan maravillosas y visitar gran parte de la isla.

No iba a terminar mi viaje ahí, aunque si por mi fuese me hubiera quedado mucho más tiempo. De modo que me equipé de nuevo la mochila y puse rumbo a mi próximo objetivo: Camber Sands Beach. 11 kilómetros de arena que te hacen sentir que es como si estuvieras en un desierto, pero no me importaba. Mi gran afición por el cine quería hacerme conocer la zona donde se había rodado la película The monuments men y La teoría del todo. Y gracias a que conté con la ayuda de un guía excepcional pude documentarme un poco sobre el lugar y conocer como había sido usada esa playa como uno de los puestos de defensa durante la II Guerra Mundial.

Me hubiera gustado conocer un poco más las playas del país, pero tras pasarme casi dos semanas yendo de una a otra era el momento de volver un poco a la civilización y visitar la capital del país: Londres. Jamás imaginé que tan diferente podía ser esa ciudad con todo lo que había conocido hasta ahora.

Mi opción fue quedarme en el Luna & Simone Hotel, muy asequible por su precio y una calidad indiscutible. Además, estaba muy bien comunicado con el metro, por lo que me venía perfecto para poder moverme por la ciudad. Me hice con una de las tarjetas que utilizan allí y empecé mis andadas por la ciudad. Hyde Park, St. James Park, el Palacio de Buckingham, el Museo Británico… había tantas cosas que hacer que me faltaba tiempo para poder verlo todo. De haber sabido que la ciudad tenía tanto que ofrecerme hubiera ido primero allí.

Antes de que me quisiera dar cuenta ya habían pasado casi dos meses desde que llegue al país. Fui rotando entre los diferentes hoteles de la ciudad para que se me hiciera más accesible ir a los lugares. Comía de lujo en los Spaghetti House y Masala Zone, y conocí a gente muy simpática tomándome unas copas en The Red Lion. Hice tantas cosas que antes de que me diera cuenta apenas me quedaba dinero para mi estancia en el país ni tampoco para el billete de vuelta.

Eso me preocupó bastante. Gracias a la amabilidad de una de las personas que conocí una noche en el The Minories, con el que había quedado bastantes veces durante el tiempo que estuve en la ciudad, me ofreció alojamiento. Eso me salvó, pero necesitaba dinero para sobrevivir allí y, sobre todo, si quería regresar a España. Me comentó que su hijo estaba estudiando en Francia y le tenía que enviar dinero todos los meses, así que me explicó que opciones tenía para que me llegase rápidamente dinero a mi cuenta. De las que me comentó, al final opté por Transferwise, y qué bien me vino porque mis padres me pudieron mandar el dinero rápidamente. ¡Me salvó la vida!

Al final decidí no arriesgarme y volver a casa. A fin de cuentas ya me lo había pasado muy bien durante dos meses. Pero tengo claro que voy a volver, para poder seguir recorriéndome el país. Todavía tiene muchas más cosas que quiero ver.

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